
«El enemigo no descansa, y la batalla espiritual es cada vez más intensa», relata Matian* con preocupación.
«Hace poco, más de diez compañeros [de la iglesia] fueron detenidos en la región e interrogados sobre las actividades cristianas realizadas en los últimos años. Por favor, orad por ellos, para que puedan seguir viviendo su fe».
Como colaborador local de Puertas Abiertas al servicio de minorías en zonas rurales del suroeste de China, Matian a menudo escucha historias marcadas tanto por situaciones difíciles como por una fe radiante.
Durante una formación de discipulado reciente respaldada por Puertas Abiertas, esas historias cobraron vida de nuevo, en especial a través del testimonio de Ling*.
Escuchar a creyentes como ella abrió una ventana a las realidades ocultas que viven las minorías cristianas en China: sus luchas, su resiliencia y las maneras en las que Dios actúa en sus iglesias.
«Su devoción dejó una imagen conmovedora que me llegó hasta lo más profundo del corazón», comparte Matian.
En este evento de formación, la historia de Ling destacó como un vivo retrato de coraje y perseverancia en Cristo, moldeado por la compleja interacción entre culturas étnicas, fe y autoridad.
«Señor, quiero rendirme ahora. No es que no quiera continuar. ¡Es que no encontramos ningún lugar donde quedarnos!»
Da Wei, tras el descubrimiento de su escuela clandestina
Ling y su esposo Song* crecieron en una remota aldea de montaña, dentro de una comunidad conformada por una minoría étnica en el suroeste de China (país nº17 en la Lista Mundial de la Persecución 2026). Hace quince años, tras unirse en un matrimonio concertado por sus padres (como es el caso de numerosas parejas de su entorno), se mudaron a un pueblo cercano en busca de trabajo. Desde el principio, su matrimonio carecía de conexión emocional y comprensión mutua, y pronto su relación se volvió tensa.
Pero su vida cambió el día en que fueron invitados a una iglesia local en el pueblo.
«Aquel día en la iglesia, algo se revolvió en mi corazón», recuerda Ling. «El mensaje de esperanza, amor y perdón puso de manifiesto nuestra fragilidad. Por primera vez, encontré una solución para nuestro matrimonio».
Song también se sintió cautivado, y conforme la pareja comenzaba a asistir a las reuniones y su fe aumentaba, también lo hacía su amor. Aprendieron a comprenderse, a apoyarse y a empatizar el uno con el otro. Conmovidos por la belleza del Evangelio, creció un anhelo en el corazón de ambos: que sus padres y familiares en la aldea pudieran oír esta buena noticia.
Entonces, un pensamiento atrevido tomó forma en ellos. ¿Y si volvieran a casa para compartir el Evangelio? Sabían que el recorrido que les esperaba sería desafiante, pues las tradiciones étnicas de su aldea, basadas en la adoración a los ancestros y en prácticas chamánicas, tienen siglos de antigüedad, y la identidad de la comunidad está profundamente ligada a ellas. La presión sería intensa, por lo que surgió en sus cabezas una pregunta. ¿Serían capaces de soportar todo el rechazo por seguir a Jesús?
Ling dudó, temerosa de las consecuencias, pero Song se mantuvo firme. «Vamos a por esta aventura, estoy cansado de la hechicería de mi padre», le dijo. «Tan solo el Evangelio puede liberar a las personas».
La nueva realidad terminó siendo más dura e inmediata de lo esperado. Con la primera mención de «Dios», sus padres y familiares estallaron, acusándolos de traición.
El conflicto alcanzó un punto álgido durante las preparaciones de los ritos ancestrales (un evento crucial en su cultura étnica e inseparable de la adoración a los ancestros). Más de diez familiares, incluidos los padres de Song, presionaron a Ling para que participara.
Song estaba fuera, recibiendo clases bíblicas, así que su mujer se encontró sola ante este conflicto.
«La presión que me impusieron fue inmensa», recuerda Ling. «Cuando me negué [a involucrarme], el hermano menor de mi esposo entró en cólera, incapaz de aceptar que yo, una “mujer débil”, osara desafiar la autoridad de la familia. Me señaló, me insultó, e incluso amenazó con golpearme. Estaba atemorizada y lloré, pero en mi corazón oraba a Dios para que me ayudara».
Song, considerado el representante de la familia, recibió una llamada de su hermano, quien tenía la intención de informarle sobre la rebeldía de su esposa. Su decisión, sin embargo, era firme, y la expresó con claridad. «Ahora creemos en Jesús, y ya no participamos en la adoración ancestral», le respondió.
Desde aquel momento, el matrimonio ha vivido en aislamiento. Durante años, soportaron insultos y fueron excluidos por los ancianos y el resto de los miembros de su familia; incluso se les prohibió participar en las cenas de reencuentro por el Año Nuevo Chino. En una aldea donde la supervivencia depende de los lazos familiares, su fe en Jesús les hizo destacar, por lo que sus vidas eran cada vez más difíciles y vulnerables.
Sin embargo, Dios aún no había terminado con Ling, con Song o con sus familias.
Un tiempo después, su hijo de seis años perdió dos ovejas mientras cuidaba al rebaño familiar, y por miedo a ser castigado, bebió un pesticida que vio sobre la mesa con la intención de acabar con su vida.
La familia lo llevó rápidamente a la clínica de la aldea, pero los médicos dijeron que no había esperanza. El pánico se apoderó de toda la familia; incluso el suegro de Ling, reconocido en la aldea por sus curas de hechicería y rituales chamánicos, no pudo hacer nada.
Ling y Song oraron con fervor, y los creyentes locales que les habían encaminado hacia Cristo se unieron a la urgente intercesión. Durante más de diez días, su hijo se debatió entre la vida y la muerte… Hasta que se produjo el milagro. El niño se recuperó por completo, asombrando a todo el mundo, incluso a los médicos.
Maravillado por el poder de Dios, el suegro de Ling se deshizo de todo el incienso, de los ídolos, de los objetos de adoración ancestral y de las herramientas de brujería que guardaba en su hogar, y creyó en Cristo.
Este acto decisivo se convirtió en un faro resplandeciente que abrió paso entre la oscuridad. Al ser testigos de la milagrosa sanación, e inspirados por el cambio del abuelo, docenas de familiares también eligieron seguir a Jesús.
«Después de algunos años, todo cambió drásticamente», relata Ling con ojos llenos de lágrimas. «[El incidente] reveló el grandioso poder de Dios, ¡Toda nuestra familia aceptó a Cristo!». Fue la materialización de Hechos 16:31: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa».
La noticia de la dramática transformación del chamán se difundió con rapidez por la aldea, y la conmoción, la duda e incluso el enfado se apoderaron de los vecinos. Pronto, la numerosa familia de Song se enfrentó al mismo rechazo, al aislamiento y a las duras críticas que habían provocado antes hacia él y su esposa. Muchos vecinos lamentaron que el suegro de Ling renunciara a la brujería, creyendo que la familia había abandonado la tradición y se había unido a una secta.
«Después de algunos años, todo cambió drásticamente. [El incidente] reveló el grandioso poder de Dios, ¡Toda nuestra familia aceptó a Cristo!»
Ling, con lágrimas en los ojos

Pese a las habladurías y el aislamiento, la fe de la familia se hizo más amplia y profunda. Se aferraron a ella, y además la mostraron abiertamente, en busca de oportunidades para hablar a los demás de Jesús. Algunas de las mujeres con las que Ling habló la escucharon en silencio, y era evidente que sus corazones se conmovieron por la promesa de esperanza eterna. A pesar de esto, el miedo les invadía. En esta aldea, si el marido no cree, su esposa no osa elegir otra fe.
Aun así, Dios estaba obrando.
«Ver los frutos de nuestro ministerio de “persona a persona” (uno de los valores fundamentales de Puertas Abiertas) es conmovedor. Esperamos que más personas se unan a acompañar a los aldeanos cristianos y a ayudarlos a fortalecerse»
Matian*, colaborador local de Puertas Abiertas que ha acompañado a Song y Ling en su formación bíblica
La familia de Ling comenzó a organizar reuniones: pequeñas, frágiles, pero llenas de fe. Los encuentros clandestinos tenían lugar en hogares humildes entre paredes de barro, y los creyentes a menudo caminaban durante horas solo para unirse a ellos.
El grupo era reducido, pero cada reunión rebosaba de entusiasmo mientras las voces se alzaban en alabanzas y las oraciones llenaban la habitación.
Pasaron los años, y el número de creyentes en su congregación clandestina creció de forma lenta pero constante.
Con este auge surgió la necesidad de pastores. En compañía de algunos creyentes más, Song y su grupo se convirtieron en los líderes de la iglesia en casa, y se unieron a un equipo de misioneros local dedicado a compartir el Evangelio con minorías étnicas del suroeste.
Su comunidad de montaña pasó a ser un eje de este ministerio, un lugar de cuidados y atención.
Sin embargo, esta situación vino acompañada de un escrutinio intenso por parte de las autoridades, incluso más opresivo que la presión comunitaria a la que se enfrentaron por traicionar las tradiciones culturales
Cuando Ling comparte la salvación y el testimonio de su familia, habla con libertad; pero cuando le preguntan sobre la presión gubernamental que soporta, su comportamiento cambia, y el miedo nubla su voz.
Matian relata que, al principio, Ling denegó su petición para conectar por WeChat durante la formación de discipulado, y que también se negó a recibirlo para una vista [en su hogar]. «Mi WeChat está siendo vigilado. A las autoridades de la aldea no les gusta que contactemos con creyentes en el exterior», Ling se acerca y susurra.
Fuxi*, el contacto de Puertas Abiertas que facilitó la formación de discipulado y que dirige al equipo misionero local (a menudo el único punto de encuentro seguro para Ling y otros colaboradores del ministerio de la aldea) explica que los creyentes pertenecientes a minorías en zonas rurales lidian con una extensa vigilancia por parte de las autoridades. «Ling y unos cuantos cristianos más asistieron a esta formación en secreto, sin informar al resto de la aldea», comenta.
«Los aldeanos convertidos al cristianismo a menudo se enfrentan a la pérdida de prestaciones sociales del gobierno, lo que constituye una carga pesada para quienes ya están luchando contra la pobreza. Al mismo tiempo, las reuniones en hogares son declaradas ilegales por las autoridades, que despliegan personal para monitorizar estos lugares de encuentro y restringir las actividades cristianas.
En los últimos años, han sido objetivo de redadas en múltiples ocasiones, lo que obliga a los creyentes a cambiar constantemente la hora y el lugar de la reunión para evitar la vigilancia», continúa Fuxi.

Este año, las reuniones en la comunidad de Ling y otras regiones de minorías étnicas en el suroeste de China se han vuelto cada vez más arriesgadas. Fuxi declara que los creyentes y las iglesias en casa hacen frente a una vigilancia cada vez más intensa por parte de las autoridades.
El verano pasado, las reuniones en hogares se vieron gravemente afectadas. En una ocasión, la policía asaltó una reunión en la casa del líder: se lo llevaron, lo interrogaron, le dieron serias advertencias, y le retuvieron durante ocho días por «organizar actividades religiosas ilegales».
En otro momento, una pareja que celebraba reuniones en su hogar y dirigía tanto devocionales como formación bíblica a través de Internet fue llamada a un interrogatorio. La policía presentó informes impresos de sus grupos de chat. Fueron acusados de organizar «predicaciones ilegales por Internet» y «actividades religiosas ilegales», y el esposo fue detenido durante alrededor de doce días.
Poco tiempo después, tres colaboradores locales fueron interrogados por el simple acto de subir a Internet un video cantando himnos.
Otro colaborador se enfrentó a continuos interrogatorios que eventualmente obligaron a su familia a mudarse para evitar un escrutinio mayor.
«Nuestro ministerio ha sufrido un revés importante», comenta Fuxi. «Recientemente hemos tenido que cancelar varias reuniones de formación que teníamos programadas con nuestros compañeros. Quienes habían sido detenidos con anterioridad continuaron recibiendo avisos de la policía por teléfono y como resultado, la situación se ha vuelto bastante tensa e insegura».
Mientras la Iglesia de esta región de China se enfrenta a una presión creciente que la obliga a ser más clandestina, Dios está usando a los colaboradores locales y al equipo misionero de Puertas Abiertas para acompañar a aldeanos cristianos como Song y Ling. Desde el año pasado, nuestra preparación ante la persecución y nuestras otras formaciones de discipulado han ayudado a los creyentes a profundizar en la palabra de Dios, fortaleciendo su fe durante la persecución y animándolos a que no se sientan solos.
A lo largo de los últimos meses, nuestros colaboradores y contactos han arriesgado sus vidas para visitar con regularidad a la familia de Ling y a los colaboradores que fueron detenidos recientemente. Gracias a tus oraciones y a tu apoyo, pueden viajar hacia donde están y ofrecerles asistencia práctica, bienestar, oraciones y una esperanza renovada.
En la formación de discipulado donde Ling compartió su historia, Matian remarcó lo siguiente: «Ver los frutos de nuestro ministerio de “persona a persona” (uno de los valores fundamentales de Puertas Abiertas) es conmovedor. Esperamos que más personas se unan a acompañar a los aldeanos cristianos y a ayudarlos a fortalecerse».
Como el Señor declara en Isaías 43:19:
«He aquí que yo hago cosa nueva;
pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?;
Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad».
*Nombres cambiados e imágenes representativas utilizados por motivos de seguridad.
➡️ Conoce a más cristianos que hacen crecer la Iglesia clandestina en Asia dentro de la campaña «A Puerta Cerrada»: puertasabiertas.org/crece.