
Kanya y Phonesay* formaban una de las ocho familias que se vieron obligadas a abandonar sus aldeas debido a la persecución. Hoy en día, su iglesia clandestina está prosperando, gracias a ti.
Los donativos permitieron a los colaboradores de Puertas Abiertas proporcionar materiales básicos de construcción y alimentos a esta pequeña comunidad cristiana, y ayudar a despejar el terreno para construir nuevas cabañas. «Primero construimos
un lugar de culto en la nueva ubicación, para tener un sitio donde reunirnos», dice Phonesay. «Adoramos al Señor todos los días, de lunes a domingo».
Gracias a vuestras oraciones y vuestro apoyo, Kanya y Phonesay siguen siendo fieles bajo presión. Su iglesia clandestina podría ser clausurada en cualquier momento, pero no se rinden. «Vivir en el bosque con otros creyentes me
ha hecho feliz, porque compartimos la misma fe», sonríe Phonesay.
Impulsa el crecimiento oculto de la Iglesia clandestina en países como Laos o China.
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