
La primera vez que Khoun oyó hablar de Jesús fue por medio de su familia política. «Cuando mi suegra me habló sobre Jesús, leí y disfruté de las enseñanzas de la Biblia», comparte el pastor. «Trataban de humildad y amor».
Sin embargo, las enseñanzas no fueron lo único que despertó su interés por el cristianismo. En una ocasión, sufrió un dolor de espalda intenso que no le permitía trabajar con normalidad, y recuerda que un hombre le contó que, si oraba y creía
en Jesús, sería sanado. Después de tres días de oración, el dolor desapareció.
«Fue extraordinario: podía trabajar sin problema», recuerda. «Volví a casa y le conté a mi esposa la buena noticia».
Khoun también oró por su mujer, quien sufría brotes de fiebre frecuentes, y fue sanada. Al observar estos milagros, toda su familia decidió seguir a Jesús en Laos, el país
número 28 en la Lista Mundial de la Persecución 2026.
Pero su camino de fe y los cambios en su vida no pasaron desapercibidos. «Los vecinos se preguntaban por qué ya no bebía con ellos», recuerda Khoun. «Cuando les dije que el motivo era mi fe en Jesús, me insultaron y se burlaron de mí».
Estas vejaciones no impidieron a Khoun contar lo que el Señor había hecho por él y por su familia; al hablar a otras personas sobre Cristo, vio cómo algunas de ellas creían en Él. «Cuando comencé a compartir el Evangelio en mi aldea, más de treinta
personas aceptaron a Jesús», recuerda. «Había más de diez hogares cristianos».
«Aquella mañana, una persona del pueblo vino a mi casa con prisa y me advirtió: “Están planeando matarte. Debes huir; puedes dejar aquí a tu esposa e hijos.” Estaba aterrorizado y corrí a un pueblo cercano»
Al conocer su historia, más personas acudieron a él en busca de sanación. Un familiar paralítico le pidió que le acompañase y orase por él. «Fui a su casa y le dije que yo podía orar por él, pero que no le podía curar; eso es algo que solo Dios
puede hacer. También le dije que debía creer en Él para sanar. Aceptó, y se curó milagrosamente».
No obstante, como la Biblia enseña, donde el Evangelio avanza, la persecución le sigue. Los habitantes de la aldea de Khoun habían visto un creciente número de personas confiar en Jesús y abandonar su religión tribal, y esta milagrosa
sanación del paralítico fue el detonante que necesitaban. Intentaron forzar al hombre sanado a renunciar a su nueva fe. «Cuando él se negó», cuenta Khoun, «lo presionaron hasta que finalmente cedió».
Desde entonces, el rechazo creció rápidamente y Khoun pastoreaba una iglesia bajo una presión inmensa. «Empecé a recibir amenazas por parte de los habitantes de la aldea», relata. «Querían que detuviera los cultos de adoración
que dirigía en mi casa».
Los vecinos, las personas con las que él había crecido y a quienes conocía, continuaron intimidando a Khoun. Finalmente, le dieron un ultimátum: «Si no abandonas a Jesús, destruiremos tu casa y tendrás que irte de la aldea».
El pastor respondió que jamás renunciaría a su fe. «Les dije que no había hecho nada malo. Jesús me sanó cuando estaba enfermo y con dolor; por eso, ya no quiero practicar mis antiguas costumbres ni creencias. Sin embargo, insistieron en que creer en Jesús iba en contra de sus tradiciones y costumbres animistas.
Me dijeron: “Tu Dios es muy fuerte, y nuestro animismo es débil”».
«Les pregunté con franqueza: si sabéis todo esto, ¿por qué no creéis en Jesús? Los dioses a los que adoramos nos exigen ofrecer dinero, ganado y, a veces, incluso nuestras vidas. Creer en Jesús significa adorarle solamente a Él, y Él solo nos
pide que le ofrezcamos nuestro corazón».
«Pero no me escucharon». En cambio, continuaron lanzando insultos y amenazas.
En la víspera de Año Nuevo de 2024, llegó el fatídico día. El pastor Khoun había solicitado permiso a las autoridades del pueblo para celebrar una reunión de acción de gracias en su casa, pero le fue rápidamente denegado.
A la mañana siguiente, Khoun vio que los aldeanos habían cortado el agua y que planeaban causar más destrozos. «Aquella mañana, una persona del pueblo vino a mi casa con prisa y me advirtió: “Están planeando matarte. Debes huir; puedes dejar aquí
a tu esposa e hijos.” Estaba aterrorizado y corrí a un pueblo cercano».
Los aldeanos ataron cuerdas en la parte delantera y trasera de la casa de Khoun para derribarla, y no permitían a nadie entrar ni salir del pueblo. Incluso las autoridades locales colaboraron con la policía del distrito y la unidad policial del
área para demolerla.
El pastor Khoun describe con tristeza lo que ocurrió después: «Alrededor del mediodía, alguien llamó y me informó que mi casa había sido completamente destruida».
«La vida es una lucha; tenemos muy pocos alimentos y recursos»
Los aldeanos no solo atacaron la casa de Khoun, sino que también destruyeron la de otra familia cristiana y quemaron una tercera. Ese mediodía, los vecinos cargaron las pertenencias de las tres familias en un camión
militar y llevaron todo a una zona de detención restrictiva (un lugar de retención informal, a menudo designado por las autoridades del pueblo para detener a personas consideradas «males sociales», incluidas las minorías religiosas). Además,
montaron una tienda improvisada para hacer guardia, asegurándose de que nadie pudiera acceder a ninguna de sus pertenencias.
La situación fue tan devastadora que una de las tres familias renunció a su fe en Jesús, y las autoridades, junto a los aldeanos, reconstruyeron su casa para animarlos a volver a sus creencias tradicionales.
Desde aquel día, el pastor Khoun y su familia no han podido regresar a su aldea y permanecen en la zona de detención, donde echan mucho de menos su hogar. Siguen sometidos a la presión de seguir a Jesús en una región y un país hostil a su fe.
«Orad para que mi familia pueda salir de este lugar. Necesitamos un terreno donde podamos construir una casa»
«La vida es una lucha; tenemos muy pocos alimentos y recursos», comparte Khoun.
Gracias a tus oraciones y apoyo, los colaboradores locales de Puertas Abiertas están respondiendo a estas necesidades urgentes. Ellos se mantienen en contacto de forma regular con el pastor Khoun y otros cristianos que viven en
la zona para ofrecer ayuda práctica, como alimentos y productos básicos.
El pastor también asistió recientemente a un seminario de preparación frente la persecución, impartido por Puertas Abiertas. Afirma que la experiencia le ha animado a fortalecerse aún más el Evangelio, y nos habla con entusiasmo de los líderes cristianos comprometidos con su fe de
las zonas rurales que conoció.
«Muchos líderes cristianos en las aldeas no han recibido formación buena, pero no paran de estudiar la Biblia», explica. «La leen todos los días y muestran una gran dedicación a su ministerio».
Khoun comparte que aprendió que ser cristiano no es un delito en Laos, pero que los cristianos suelen ser ampliamente malinterpretados. «Adoptar la fe cristiana no es ilegal en Laos, ya que la legislación laosiana respalda la libertad
religiosa», afirma. «Sin embargo, las comunidades de las aldeas suelen oponerse firmemente cuando las personas eligen el cristianismo en lugar de sus creencias ancestrales».
«Las autoridades conocen la libertad religiosa. Sin embargo, debido a la presión, a menudo se alían con los aldeanos y nos persiguen. No obstante, también hay personas que aceptan que los cristianos vivamos con ellos, siempre que practiquemos el
culto en un lugar privado».
«La gente debería saber que la Biblia no enseña nada malo; más bien, nos muestra que, al respetar a nuestras autoridades y gobiernos, honramos a Dios».
El pastor Khoun es uno de los muchos líderes cristianos en Laos que han sido expulsados de sus tierras y aldeas a causa de su fe. Las tierras familiares en las aldeas laosianas se transmiten de generación en generación y representan sus raíces
y su identidad. Además, estas constituyen el sustento de las familias.
Sin embargo, cristianos como Khoun se ven obligados a dejar todo eso atrás simplemente porque eligen seguir a Cristo.
Cada día sigue siendo un desafío para Khoun y su familia. Sin embargo, incluso en esta situación difícil e incómoda, no deja de reconocer la bondad de Dios: «Doy gracias a Dios por tener un lugar donde vivir», dice, «y por poder adorar con algunos creyentes en una aldea cercana».
Khoun sigue orando por mejores condiciones de vida para su familia y nos pide que oremos con él. «Por favor, orad para que mi familia pueda salir de este lugar», dice. «Necesitamos un terreno donde podamos construir una casa. Por favor, orad para
que algún día nos podamos permitir tener una propia».
«Y, por favor, orad por mis cinco hijos. Estábamos acostumbrados a vivir juntos, pero ahora todos, excepto uno, se han marchado, ya que trabajan en otras aldeas».
Resulta admirable cómo, incluso bajo esta enorme presión, e incluso a escondidas, el pastor Khoun mantiene su confianza en Jesús. Su historia nos recuerda que seguir a Cristo puede tener un alto precio, pero también demuestra
una seguridad basada en la fe en Jesús que no puede ser arrebatada.
«La Biblia enseña que nada puede hacerme daño: ni los espíritus, ni la magia negra, ni el veneno, ni quienes quieran perjudicarme», afirma. «Me mantengo firme en mi fe y sé que mi vida está a salvo en Jesús».
*Nombres cambiados por motivos de seguridad.
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