
No solo era el lugar donde adoraban a Dios con otros cristianos. También era su hogar.
Kanya* y Phonesay* lo perdieron todo.
Ese es el riesgo terriblemente real de las iglesias en casa en países como Laos (número 28 en la Lista Mundial de la Persecución 2026).
La persecución contra las iglesias clandestinas crece... pero la fe de los cristianos también. Aunque sea a puerta cerrada.
«En ese momento, no tenía miedo. Solo me preguntaba qué harían después de destruir la casa», recuerda Kanya. «Actuaron así porque no conocen al Señor. Si lo conocieran, no estarían enfadados. Dios nos manda no devolver mal por mal, sino vencer el mal con el bien»
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