
Cambiar de lugar. Cantar en susurros. Vigilar que no te sigan. Tener cuidado con a quién invitas.
Y, algunas veces, redadas policiales.
Esto es lo que implica ir a la iglesia en China (país nº17 en la Lista Mundial de la Persecución 2026). A no
ser, claro está, que aceptes operar bajo la estricta vigilancia del Gobierno.
Si no, al igual que Jinyi, te tocará reunirte a escondidas, a presión... a puerta cerrada.
«Por favor, orad por nosotros. Mi esposo sigue en prisión, y nuestras reuniones deben seguir siendo clandestinas. Las personas siguen viviendo bajo la amenaza de la persecución y permanecen temerosas de reunirse»
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