
«Para mí, los cristianos eran infieles, gente repugnante. Eran nuestros enemigos», reconoce Zaid. Este pensamiento es normal si te crías bajo un islam extremadamente conservador en el tercer país más peligroso del mundo para los cristianos, donde la Iglesia tiene que ser clandestina.
Cuando Dios transformó el corazón de Zaid, también le dio una visión para Yemen:
«Tener 40 000 iglesias en casa activas. Queremos que haya una iglesia en casa por cada 1 000 yemeníes, un lugar donde puedan disfrutar de la comunión y crecer juntos»
Esta es la razón por la ha decidido quedarse en su país y resistir una persecución que él mismo ejercía hace un tiempo.
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