
El marido de Vannida fue asesinado por ayudar a los demás y acompañarles en su relación con Jesús.
Esta tragedia podría haber acabado con la vida y la fe de Vannida... Pero ahora esta cristiana del Sudeste Asiático se ha convertido en un testimonio silencioso de que ni la muerte injusta ni la vida peligrosa pueden apartarnos de Dios.
«Me sentía como un muerto andante cuando asesinaron a mi marido por su fe. Respiraba, pero por dentro estaba muerta. Pero ahora, nada puede impedirme adorar al Señor. Da igual quién me diga que renuncie a Jesús, no lo haré»
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