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Historias 09 abril 2026

Esta mujer (ya no) está silenciada

Sus vecinos intentaron detener su fe y casi le arrebatan a su hija, pero Beatriz sigue llevando esperanza a las mujeres en el llamado «Círculo del Silencio» de México

 

 
Cuando Beatriz se convirtió en misionera en el llamado «Círculo del Silencio» de México, nunca imaginó que la persecución llegaría tan rápido. Hoy en día, es mentora de un grupo de mujeres que, en medio de la persecución, están descubriendo su verdadera identidad en Dios. Lee su historia y sé una voz en el silencio.
 

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El primer ataque que sintió Beatriz* no fue físico, sino espiritual.

«Durante nuestro primer mes aquí, caí en depresión», recuerda esta cristiana mexicana. «No quería salir de casa. Lloraba constantemente y no entendía por qué». 

Ella oraba a diario para sentirse mejor, pero la pesadez no se iba. «Era como si algo invisible resistiera mis oraciones», dice ahora. 

Un día, mientras oraba, oyó algo aterrador. «Oí una voz audible: era Satanás», asegura Beatriz. 

«Me dijo: “Vete de aquí”. Nunca había experimentado nada parecido. Creo que Dios me permitió que lo oyera para que entendiera que se trataba de una guerra espiritual». 

Semanas después, su marido Marcos* se enfrentó al mismo ataque.

«Una noche, hubo un tiroteo», recuerda Beatriz. «Estábamos en un supermercado y tuvimos que escondernos con nuestros hijos. Cuando estábamos en el suelo, mi marido oyó la misma voz: “¿Ahora os vais?” Segundos después nuestra hija (que era solo una niña) repitió exactamente las mismas palabras. Fue entonces cuando supimos que el enemigo nos estaba acechando». 

Empezaron a orar y a resistir estas voces, convencidos de que donde hay oposición, hay un propósito. 

«El enemigo estaba furioso de que estuviéramos aquí, pero decidimos obedecer a Dios, costara lo que costara», dice Beatriz.  

«El Círculo del Silencio es uno de los lugares más difíciles para los creyentes en nuestro país. No se puede orar ni rendir culto en público, y desde luego no se puede construir una iglesia»

Satanás quería borrar la presencia cristiana de esta parte de México. Aquí, en el llamado «Círculo del Silencio», en México, el precio de seguir a Jesús puede ser muy alto. Beatriz y su familia se han enfrentado a innumerables conflictos por hablar a otros de Dios. 
 

Una llamada peligrosa 

Desde su adolescencia, Beatriz soñaba con compartir el evangelio, el mismo mensaje que aprendió de sus padres. Sin embargo, nunca imaginó que ese deseo la llevaría a una de las regiones más peligrosas para los cristianos en México. 
 

«El Círculo del Silencio es uno de los lugares más difíciles para los creyentes en nuestro país», explica. «Está formado por siete estados que forman un círculo, de ahí el nombre. Y se llama el Círculo del Silencio porque aquí no se puede hablar abiertamente de Jesús». 
 

En esta región, solo un 2% de la población es cristiana, y la mayoría mantiene oculta su fe. Seguir a Cristo puede significar desde el rechazo social hasta la muerte. «No se puede orar ni rendir culto en público, y desde luego no se puede construir una iglesia», dice Beatriz. «Incluso orar antes de comer en un restaurante puede ponerte en peligro». 
 

A pesar de los riesgos, Beatriz y Marcos aceptaron la misión de Dios para dejar su hogar en el norte de México y comenzar una nueva vida como misioneros en este Círculo del Silencio.  
 

«La visión le llegó primero a mi marido», recuerda Beatriz. «Después, él compartió lo que Dios le había dicho, y yo le pedí confirmación». La confirmación le llegó rápidamente: « Dios me dijo: “Yo tengo el control; tú y tu familia estaréis a salvo”. Y le creí. Obedecemos a Dios porque si Él nos llamó, será fiel para cumplir lo que prometió». 

Pero no fue una llamada fácil.
 

Donde Jesús se hace notar  

Beatriz aún recuerda sus primeras semanas en el Círculo. «Me chocaba ver cómo la gente podía creer en cualquier cosa menos en Jesús», dice, recordando las supersticiones locales. Por ejemplo, existe la tradición de rezar a un cacahuete que, según un agricultor, tenía la «cara de Jesús», creyendo que podía hacer milagros. 
 

Pero lo que más le perturbaba era lo que presenciaba durante las fiestas tradicionales. 

«Cogían la figura de Jesús y la inclinaban ante la Virgen», recuerda Beatriz. «Decían que ella era “el camino, la verdad y la vida”. Me rompió el corazón».  
 

Para los lugareños, estas escenas son corrientes. Para los cristianos, representan una dolorosa distorsión del Evangelio.

La mayoría de los habitantes del Círculo del Silencio practican una fe sincrética que mezcla la antigua espiritualidad indígena con prácticas introducidas durante siglos, incluyendo trozos de catolicismo.  

Ora con Beatriz
  • Ora por Beatriz, Marcos y su familia, para que Dios les proteja y les dé valor mientras sirven en el Círculo del Silencio. 
  • Ora por las mujeres del grupo, para que permanezcan fieles a Jesús y crezcan en su fe a pesar de la persecución y la presión social.
  • Ora por la Iglesia oculta de la región, para que los creyentes puedan reunirse con seguridad y valentía en su fe.
  • Ora por protección de daños físicos y ataques espirituales. El área es peligrosa y vigilada por fuerzas hostiles.
  • «Ora por el Círculo del Silencio, para que un día podamos llamarlo Círculo de la Esperanza», pide Beatriz.

Pero no se parece en nada al catolicismo tradicional. Los rituales se basan en creencias y costumbres indígenas, y a la mayoría de la gente ni siquiera se le permite leer la Biblia.
 

«Los líderes religiosos locales afirman que, si alguien lee la Biblia, se volverá literalmente loco. Pero los líderes no basan sus enseñanzas en las Escrituras», dice Beatriz. «Para ellos, Jesús no es Dios». 
 

La extraña mezcla de creencias indígenas con el catolicismo romano tiene sus raíces en la historia. Hace menos de un siglo, esta zona fue el epicentro de la Guerra de los Cristeros, en la que murieron miles de personas defendiendo la Iglesia católica contra un gobierno laico. 
 

Pero con el paso de los años, la fe dejó de tener que ver con las creencias de la Iglesia católica romana y pasó a tener más que ver con las creencias tradicionales de la zona mezcladas con supersticiones y términos católicos como santos y la Virgen de Guadalupe. 
 

«Para muchos, abandonar esas creencias es como traicionar la sangre de sus antepasados», dice Marcos. «Por eso creen que tienen el derecho, e incluso el deber, de perseguir a cualquiera que desafíe ese orden». 
 

A esta tensión se suma el dominio de los cárteles de la droga que controlan partes importantes del centro de México. «Muchos líderes de los cárteles se oponen a los cristianos porque, a diferencia de las religiones tradicionales, cuando la gente se encuentra con el evangelio, dejan de vivir en pecado», dice Marcos. «Y eso amenaza su poder». 
 

Este matrimonio conocía la realidad del Círculo del silencio cuando inició su ministerio. Así que los dos comenzaron a compartir el evangelio en silencio, sin imaginar lo pronto que llegaría la persecución. 
 

Primero fue la depresión. Luego fueron las palabras susurradas de Satanás. Luego, la oposición se volvió física y palpable.
 

Persecución abierta  

Un vecino que se oponía a la fe de Beatriz y Marcos envenenó a sus mascotas. Su hija de dos años entró accidentalmente en contacto con el veneno y estuvo a punto de morir. 
 

«No sabíamos que habían envenenado a nuestro perro», recuerda Beatriz. «Le lamió la cara y la niña sufrió un shock anafiláctico. Fuimos corriendo al hospital, orando durante todo el trayecto. Milagrosamente, había una bombona oxígeno». 
 

Aquel día, la fe de Beatriz se hizo más fuerte. «Mi marido estaba destrozado», se lamenta. «Dijo que quizá nos habíamos equivocado al venir aquí. No sé de dónde me vino la fuerza, debió de ser del Espíritu Santo, pero le miré y le dije: “Aunque nuestro bebé muera, nos quedaremos, porque Dios nos ha llamado aquí”».  
 

Horas después, su hija estaba fuera de peligro. «Fue una prueba de fe, pero Dios fue fiel», dice Beatriz. 
 

El rechazo les perseguía por todas partes. Perdieron amigos, trabajos e incluso oportunidades ministeriales. Incluso les echaron de una residencia de ancianos por compartir una historia bíblica como parte de su trabajo a los mayores. 
 

Servir en el Círculo del Silencio requiere sabiduría y valentía. «Aquí, en el momento en que mencionas a Jesús, comienza la persecución. Hay que actuar con sabiduría, con oración», explica Marcos. 
 

No obstante, también ha habido destellos de esperanza.
 

«Aunque nuestro bebé muera, nos quedaremos, porque Dios nos ha llamado aquí»

  

Heridas que curan a otras  

En medio de la creciente hostilidad, Beatriz encontró un nuevo propósito en su vocación y en la de Marcos. Empezó a ver que su historia y su dolor podían abrir puertas para llegar a otras mujeres que sufrían silenciosamente en su comunidad. «Dios me mostró que mis propias heridas podían curar a otros», dice.  
 

Marcos y ella abrieron una pequeña escuela para enseñar a los niños a leer, a escribir, a estudiar matemáticas, además de música y deportes. Fue allí, entre clase y clase, donde el ministerio de Beatriz empezó a florecer: «Empecé a hablar con algunas madres que venían a recoger a sus hijos», cuenta. «No sabía cómo, pero Dios me dio la estrategia: construir amistades y mostrar Su amor con mi testimonio». 
 

«Empezaron a compartir su dolor y, poco a poco, dejaban entrar a Dios en sus corazones. Él es quien está restaurando sus vidas»

Después de generar confianza, Beatriz compartió su historia. «Les conté mi testimonio, señalando en él la presencia de Dios», explica. «Eso les abrió el corazón». 
 

Lo que empezaron siendo conversaciones tranquilas se convirtió en un creciente compañerismo entre mujeres que descubrían su valía a los ojos de Dios. Este es un mensaje muy necesario en esta parte de México, donde las mujeres pueden sentirse menos valiosas que los hombres. «Aquí, el machismo está muy arraigado. Muchas mujeres se sienten inútiles o poco queridas», explica Beatriz.
 

«Algunas son maltratadas o abandonadas. Es desgarrador. El suicidio es algo común». 
 

A través de la fe y la amistad, Dios ayudó a estas mujeres a empezar a curarse y a encontrar una nueva esperanza. «Nos abrimos unas con otras», dice Beatriz. «Empezaron a compartir su dolor y, poco a poco, dejaban entrar a Dios en sus corazones. Él es quien está restaurando sus vidas». 
 

Ese pequeño círculo de mujeres se ha convertido en un espacio seguro donde estas hermanas aprenden no solo las Escrituras, sino también dignidad, fortaleza y liderazgo. Todo ello está ocurriendo en una región donde el valor de la mujer puede ser nulo y donde las mujeres cristianas corren aún más en riesgo.  
 

De repente, por la gracia de Dios, estas mujeres restauradas son capaces de defender a Cristo en medio de ese entorno hostil. 
 

Sin embargo, los riesgos siguen siendo constantes. Algunas mujeres asisten a las reuniones en secreto; otras ocultan por completo su interés por el cristianismo. «Una mujer me dijo: “Si mi familia se entera de que vengo aquí, me repudiarán”», cuenta Beatriz. «Otra que su marido sospecha algo porque ella ha cambiado: “ya no maldigo ni me defiendo y eso le enfada”». 
 

A pesar del peligro, el grupo sigue creciendo. «Nos reunimos, leemos la Biblia, oramos y nos fortalecemos mutuamente», dice Beatriz. «Dios me mostró que mi historia estaba destinada a sanar la suya».  
 

Pero incluso sus reuniones atraen una atención no deseada. «Un día, mientras nos reuníamos en casa de una hermana en una zona controlada por los cárteles, varios camiones blindados aparcaron fuera», recuerda Beatriz. «No hacían más que observarnos». Desde entonces, la vigilancia se ha convertido en rutina
 

«Al principio estábamos aterrorizadas», confiesa. «Podían matarnos o secuestrarnos. Pero Dios nos ha protegido siempre». 
 

No más silenciadas

En 2024, Puertas Abiertas comenzó a colaborar con Beatriz y Marcos. El primer paso fue ofrecerles enfrentar la persecución con fe y valor renovados. 
 

60 €
podrían dar formación sobre cómo sobrevivir a la persecución a 1 mujer vulnerable.

DONA AHORA 

«El material era exactamente lo que necesitábamos», dice Beatriz. «Equipa a los nuevos creyentes para soportar la persecución». 
 

La capacitación fortaleció no solo su fe, sino también su capacidad para discipular a otros. «Ayuda a las mujeres a entender que la persecución tiene un propósito, que incluso Jesús la afrontó y que, pase lo que pase, nuestra recompensa es la vida eterna con Él», dice Beatriz.

Puertas Abiertas también proporcionó apoyo económico, ayudando a cubrir el alquiler y a mejorar el espacio donde se reúnen las mujeres. «Agradecemos a quienes nos apoyan y os pedimos que sigáis haciéndolo», nos transmiten Beatriz y Marcos. «Necesitamos más obreros de Dios en esta zona, donde hay una gran necesidad de hablar sobre Jesús».

Por la gracia de Dios, las mujeres cristianas ya no están siendo borradas en el Círculo del Silencio. Ya no son invisibles. Beatriz sigue su ministerio para ayudar a restaurar a estas valientes hermanas y equiparlas para servir a Jesús. 
 

Del Círculo de Silencio al Círculo de Esperanza   

Hoy, Beatriz continúa liderando el grupo de mujeres, caminando con ellas a través de los desafíos diarios de la persecución y la condición de la mujer en esta zona de México.  
 

Juntas, aprenden a recuperar su dignidad, a reafirmar su identidad en Cristo y a encontrar la fuerza para criar a sus hijos en medio del miedo, confiando en que Dios está transformando su dolor en esperanza. «Cada encuentro es una victoria, no porque seamos fuertes, sino porque Dios nos sostiene», dice ahora Beatriz, sonriendo. 
 

En el Círculo del Silencio, los susurros de fe de estas mujeres se han convertido en un coro de esperanza. A puertas cerradas, estudian la Biblia, oran y se animan unas a otras. Sin prisa, pero sin pausa, están reescribiendo la historia de lo que significa ser una mujer de fe en esta tierra. 

Una de ellas (la primera en conocer a Jesús) ayuda ahora a dirigir parte de la reunión; esta es una pequeña pero poderosa señal de la fe que se extiende por la región. 
 

Cuando le preguntamos por el futuro, Beatriz sonríe. «Espero que dentro de 10 años haya más seguidores de Cristo, que el reino de Dios se extienda, que los creyentes vivan sin miedo y que la fe pueda practicarse abiertamente», dice. Su sueño es también una oración por su familia, sus hermanas en Cristo y la Iglesia oculta donde ella vive. 
 

«Orad para que Dios abra puertas, para que envíe más obreros a esta tierra», pide. «Orad para que el miedo no gane y que un día, este Círculo de Silencio se convierta en un Círculo de Esperanza»
 

La última petición de Beatriz es para las mujeres a las que acompaña: «Mi oración es que permanezcan fieles a Jesús hasta el día en que Él las llame a casa. Que sean mujeres llenas del Espíritu Santo, que compartan su fe con otros y se conviertan en la base de una iglesia fuerte en este pueblo que tanto la necesita».
 

Una oración por Beatriz
Señor, pongo en Tus manos a Beatriz, Marcos y su familia; protégelos y dales valor mientras te sirven en el Círculo del Silencio. Fortalece a las mujeres del grupo para que permanezcan fieles a Ti y crezcan en su fe a pesar de la presión. Guarda a Tu iglesia en esa región, permite que puedan reunirse con seguridad y vivir con valentía, y protégelos de todo daño físico y ataque espiritual. Y te pido que transformes ese Círculo del Silencio en un verdadero Círculo de la Esperanza, donde Tu luz brille con fuerza. En el nombre de Jesús, amén.

Al caer la tarde, Beatriz y el grupo de mujeres se preparan para otra reunión. En una habitación escondida de esta región del centro de México, las Biblias están abiertas y las manos unidas. Fuera, sigue reinando el silencio. 
 

Aún se enfrentan al rechazo de gran parte de la comunidad y si la gente supiera lo que están haciendo, habría consecuencias. No saben si los cárteles están vigilando. 
 

Pero dentro, entre susurros y oraciones, la fe crece: la presencia de Jesús, aparentemente (in)visible, no se borra de aquí, a pesar del peligro. 
 

La historia de Beatriz nos recuerda que el verdadero empoderamiento comienza en el corazón transformado por la fe. Su valentía, y la de las mujeres que lidera, demuestra que, incluso en silencio, las mujeres pueden hablar de vida, reconstruir comunidades y dar forma al futuro de una nación 


 

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