
Ariana* siempre supo que tenía que ser insignificante y callada.
Como mujer afgana, sus expectativas se basaban en permanecer callada, escuchar y obedecer a cualquier hombre de su familia. Era el camino que seguían todas las mujeres que conocía.
«Los hombres de mi barrio eran como unos dictadores», recuerda Ariana. «Las mujeres debían obedecer cualquier cosa que dijesen los hombres. Las niñas no tenían libertad. Sufrí mucho a causa de esto, pero siempre tuve esperanza. Quería salir del pueblo e irme a algún otro lugar. Siempre pensé que era como un águila que debía huir de allí porque siempre tuve una fuerte sensación de libertad y entusiasmo dentro de mí».
Su experiencia y su deseo de tener una vida diferente despertaron en ella el anhelo de vislumbrar una forma de vida distinta, que encontró en el mundo colorido y animado de las películas de Bollywood, donde las mujeres cantaban, bailaban y se enamoraban con una libertad con la que ella solo podía soñar.
«En aquel entonces, no entendía muy bien el significado de la vida», recuerda. «Me lo imaginaba como en las películas indias porque a veces las veíamos y recuerdo pensar: “su vida es como un sueño o una película”».
Al igual que las mujeres que veía en las películas, Ariana se enamoró de un joven de su pueblo. Pero su amor era un secreto peligroso en una sociedad que concierta matrimonios para las hijas. En Afganistán, una mujer no puede elegir a su marido. Cuando su tía descubrió una carta de amor del hombre que le había escrito a Ariana, el secreto salió a la luz y las consecuencias fueron inmediatas.
«Las mujeres debían obedecer cualquier cosa que dijesen los hombres. Las niñas no tenían libertad. Sufrí mucho a causa de esto, pero siempre tuve esperanza»
«En Afganistán, las mujeres no tenían el derecho de elegir marido. Donde vivía, las mujeres tampoco tenían el derecho de elegir su educación. No tenían la libertad de estudiar hasta segundo de bachillerato o ser doctoras o profesoras», explica.
Su romance recibió una desaprobación inmediata y severa por parte de su familia y su comunidad.
«Cuando mi tía se llevó la carta, toda mi familia y el resto de personas descubrieron que estaba enamorada», dice Ariana. «Mi hermano se presentó en la puerta de mi casa con un cuchillo grande y quería matarme porque toda la gente de nuestra familia lo había descubierto».
Para controlar el escándalo, la familia de Ariana se apresuró a casarla con el hombre. Lo que no sabían es que al intentar controlar las consecuencias de la atrevida decisión de Ariana de elegir a su propio marido, la estaban llevando directamente a descubrir a Jesucristo.
Porque nadie sabía que los miembros de la familia de su marido eran creyentes clandestinos.
Ariana comenzó su nueva vida sin saber nada de la fe de su familia política.
«Cuando entré a formar parte de esa familia, no me di cuenta de que eran cristianos porque nunca había oído nada sobre el cristianismo en mi casa», recuerda. «No tenía ni idea de que había otra religión, llamada cristianismo, aparte del islam. En mi casa, a cualqueira que no fuese musulmán se le llamaba infiel».
Ariana se dio cuenta de que había algo diferente con respecto a su familia política. Su curiosidad aumentó después de que su casa fuese atacada y su cuñado fuese asesinado. Supuso que estaba relacionado con su trabajo porque todos trabajaban para el gobierno. Solo más tarde se percató de que la razón del ataque fue su fe en Jesús.
«En Afganistán, mi cuñado fue asesinado porque era cristiano», dice. «Lo mataron de una forma muy cruel. Tiraron una granada dentro de nuestra casa a las dos de la mañana. Su muerte y otras dificultades ejercieron mucha presión para nosotros en Afganistán. Por eso, mi suegro quería irse del país. Ya no estábamos a salvo en nuestro propio país, así que nos volvimos refugiados en otro».
Huyendo de la violencia, la familia encontró refugio en Asia Central. Fue entonces, lejos de casa, cuando compartieron su secreto con Ariana. Le dijeron que un hombre ruso les compartió el Evangelio. Se convirtieron en cristianos clandestinos en Afganistán, un país en el que ser descubierto como cristiano era una invitación a sufrir ataques violentos. Desde la toma del poder de los talibanes en 2021, la situación se ha vuelto incluso más peligrosa. La visión distorsionada del islam por parte de los talibanes hace que cualquiera que sea descubierto como cristiano pueda ser arrestado o asesinado de inmediato.
Su familia política la invitó a aceptar la misma fe.
«Mi marido y mi suegro hablaron conmigo», recuerda Ariana. «Mi suegro dijo muy amablemente: “Queremos que te conviertas en cristiana, ya que vamos a la iglesia. ¿Quieres?”. Dije que sí porque amaba tanto a mi marido y quería seguirle».
Tras empezar a ir a la iglesia, Ariana comenzó a darse cuenta de lo opresiva que era su antigua religión y lo temible que le parecía el islam de Afganistán. Además, el haber experimentado tanto amor y bondad por parte de la familia de su marido hizo que fuese más fácil para ella ir a la iglesia. Con el tiempo, comprendió la verdad del amor de Jesús para ella y decidió seguirle.
«En el islam solo existe el miedo», dice. «Siempre nos dejaba en un estado de temor a ser asesinado. Se nos presentaba a Dios como algo terrorífico. Estudié el islam porque siempre lo leíamos en la clase de árabe, pero no entendía nada. Cuando comprendí el verdadero mensaje del islam y cuánta opresión sufren las mujeres musulmanas de Afganistán —como que un hombre pueda tener cuantas mujeres quiera y usarlas como esclavas— me ayudó a ver la verdad de que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida».
Pero esta nueva fe tuvo un precio.
Actualmente, Ariana y su familia viven en Asia Central, a salvo de la violencia inmediata de Afganistán y de los talibanes, pero enredados de nuevo en el miedo.
Viven como refugiados, sin una situación legal, bajo la constante amenaza de ser deportados.
Es por eso que no podemos mencionar el país en el que viven porque, si les envían de vuelta a su país natal, las consecuencias podrían ser graves.
«Como cristianos refugiados en Asia Central, el peligro es constante», comparte Ariana. «Vivimos con el estrés de ser deportados en cualquier momento porque aquí no tenemos una identidad legal. Ese es nuestro mayor miedo, que se nos envíe de vuelta, sobre todo después de que todos saben que nos hemos convertido en cristianos. Tememos por nuestros hijos porque son la siguiente generación de cristianos».
Además, aunque el país donde vive actualmente su familia es menos restrictivo que Afganistán, sigue siendo hostil hacia los cristianos.
Esta situación deja a Ariana y a su familia en una posición especialmente vulnerable.
«Cuando los propietarios ven que somos de Afganistán, a menudo se niegan a darnos el alquiler. No es solo por nuestra nacionalidad, sino también por nuestra religión», dice Ariana.
«Por ejemplo, estaba buscando una casa y, como no llevo el hiyab (velo musulmán), el propietario desconfió de mí. Me dijo: “Eres de Afganistán, deberías aferrarte más a tu fe”.
Cuando les expliqué que soy cristiana, no nos dejaron alquilar la casa. Ya no nos querían en su barrio. Por lo tanto, el peligro principal es siempre la deportación. No tenemos una situación legal. Incluso si hablamos de nuestra fe o de la Palabra de Dios, podríamos ser deportados. Parece que aquí no tenemos derechos».
El riesgo de un peligro inmediato no es algo teórico. A kilómetros de distancia, los rumores de la conversión de Ariana llegaron a su familia. El hermano que una vez amenazó con matarla por haberse enamorado, lanzó una nueva amenaza aún más aterradora.
«Un día, mi hermano me llamó», cuenta Ariana. «Hasta ese momento, no había hablado conmigo por haber elegido yo a mi marido. Me llamó y dijo: “He oído que has vendido tu religión y te has convertido en cristiana. Si te están presionando, vendré y te salvaré. Pero si de verdad has vendido tu religión, estoy dispuesto a abandonarte y venir a matarte y dejarme llevar preso toda mi vida para poder limpiar esta mancha de deshonra de nuestra gente».
Las amenazas son constantes… y muy reales.
«Mi hermano me llamó y me dijo: “He oído que has vendido tu religión y te has convertido en cristiana. Si te están presionando, vendré y te salvaré. Pero si de verdad has vendido tu religión, estoy dispuesto a abandonarte y venir a matarte"»

A pesar de las dificultades de su familia, Ariana se mantiene anclada en su fe.
Ha crecido mucho en su relación con Jesús, y su confianza en Él y Su Palabra le permiten superar retos que parecen imposibles. No ha perdido la visión de lo que es realmente importante.
«Todas las mujeres con las que me reúno dicen lo mismo. Me dan las gracias y me dicen: “Cuando vienes, nos sentimos en paz”»
«En la Biblia, en Romanos 8:35-39, dice que los hijos de Dios siempre enfrentarán la persecución y el sufrimiento», menciona Ariana.
«Pero ese pasaje es también nuestra esperanza porque nos recuerda que Dios está siempre con nosotros. Esto es lo que nos anima y nos da la fuerza necesaria para las adversidades a las que nos enfrentamos hoy en día».
Ariana se dio cuenta de que no podía retener esta esperanza para sí misma.
«Nací en una familia musulmana y crecí en una sociedad muy restrictiva, así que de lo que he probado de Dios —el conocer el camino, la verdad y la vida—, quiero que otros afganos también prueben esta sal de la vida y que beban de esta agua viva», comparte.
«En Mateo 28:19, Jesús dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones”. Esto me motiva porque lo considero como un deber que tengo que hacer».
Es por esto que Ariana siente el llamado de ayudar a otros a escuchar el Evangelio. Comparte con valentía el amor de un Dios confiable con otros refugiados que están perdidos en el temor.

«Comparto la Palabra de Dios con varias familias afganas», dice.
«Están pasando por momentos especialmente difíciles porque ha habido deportaciones a Afganistán desde hace casi dos años y ahora las cosas están yendo a peor. Los visito para orar y leer la Palabra de Dios juntos. Aunque algunos son musulmanes, parece que encuentran la paz cuando estoy con ellos».
Los colaboradores de Puertas Abiertas han ayudado a Ariana con su ministerio. Mediante los creyentes de la zona como Ariana, Puertas Abiertas también asiste a los cristianos afganos en este país de Asia Central con ayuda práctica, materiales para el discipulado y entrenamiento espiritual.
De esta forma, se construye una nueva generación de creyentes afganos que lo arriesgan todo por seguir a Jesús.
Dios está usando a Ariana para llevar Su esperanza a aquellas familias que solo han conocido dificultades. Las mujeres que no tenían voz ni derechos son ahora pilares de fuerza, ayudando a sus familias a atravesar momentos difíciles. Ariana está llegando a personas que estaban completamente cerradas a escuchar el Evangelio, enseñándoles que la paz de Jesús es lo que estaban buscando.
«Todas las mujeres con las que me reúno dicen lo mismo. Me dan las gracias y me dicen: “Cuando vienes, nos sentimos en paz”», cuenta Ariana. «Sé que no es realmente por mí porque no soy nadie. La presencia de Dios es lo que trae paz en estos tiempos difíciles. Realmente creo que Dios nos envía para estar los unos con los otros. No es que solo ellos estén calmados; yo también lo estoy. Hemos visto cómo sus relaciones con sus maridos han mejorado y también ha crecido su entendimiento mutuo. Encuentran un consuelo verdadero y eso es algo muy bueno».
*Nombre cambiado por motivos de seguridad.