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Historias 26 febrero 2026

Fe imposible... de detener

Kaveri ha tenido que criar a sus hijos sin su marido, montar su propio negocio y huir varias veces de la persecución en India... pero no lo ha hecho sola

 

 
¡Gracias! Tu apoyo y oraciones permiten que Kaveri*, una madre soltera después de que su marido abandonara a su familia, pueda cuidar de sus hijos en el estado de Karnataka, al suroeste de la India (duodécimo país más peligroso del mundo para seguir a Jesús). Esta cristiana había sufrido años de enfrentarse a la persecución y discriminación de los vecinos locales, la policía y los extremistas. Ahora, Kaveri y su familia forman parte de una iglesia local, y ella sigue compartiendo el evangelio con sus clientes y con las mujeres que están aprendiendo a coser en su tienda, levantada con el apoyo de Puertas Abiertas ¡Estás cambiando vidas en la India! 
 
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Kaveri* sabía lo que era luchar contra la ansiedad constante en India, el duodécimo país más peligroso del mundo para seguir a Jesús (según la Lista Mundial de la Persecución 2026).  

El alcoholismo de su marido hacía que ella y su familia carecieran de estabilidad económica.

La incertidumbre de su vida en casa le provocaba desesperación; además, el hecho de que su suegra la insultara y maltratara habitualmente no ayudaba. 

Pero entonces su marido se marchó.

Y esa vida difícil se volvió imposible. 

«Pensaba que él volvería pronto», recuerda Kaveri. «Esperé días, semanas y luego meses, pero nunca regresó. Cada día traía una nueva preocupación sobre cómo iba a cuidar de mis hijos. Todo parecía oscuro y sin esperanza. Incluso pensé en suicidarme para acabar con todos mis problemas». 

Pero Dios tenía un plan diferente para ella

«Estoy realmente agradecida a los colaboradores de Puertas Abiertas que me han apoyado hasta ahora»  

Kaveri conoció al pastor Varun*, y lo que él le contó le cambiaría la vida. «Un día, mientras estaba en mi casa, abrumada por la tristeza, un pastor vino y me habló de Jesús», recuerda. «Al principio dudé. Pero mientras hablaba del perdón, la paz y la esperanza, algo se removió dentro de mí. Sentí una paz que nunca había conocido ni experimentado». 

Así, comenzó a asistir a la iglesia y siguió creciendo en su fe bajo la guía del pastor. Ella y sus hijos finalmente aceptaron a Jesús como su Salvador y comenzaron una nueva vida juntos, a pesar de que su marido nunca regresó. 

«Me siento honrada de sufrir» 

Kaveri*, ahora de unos 40 años, es originaria de un pequeño pueblo del estado de Karnataka, en el suroeste de la India.

Tras abrazar el cristianismo, creció en su fe y sintió la necesidad de compartir el evangelio. Comenzó a animar a otras mujeres de su pueblo y se convirtió en una fuente de fortaleza para muchas de ellas. Con la orientación del pastor Varun, Kaveri comenzó un grupo de oración en su casa, donde unas 20 mujeres se reunían dos veces por semana para adorar, orar y animarse unas a otras.  

Sin embargo, se corrió la voz sobre las reuniones y algunos aldeanos comenzaron a sospechar.

Al darse cuenta de que la comunidad crecía, empezaron a vigilar sus actividades.

Finalmente, un grupo de jóvenes extremistas hindúes de la aldea la denunciaron a la policía local, acusándola falsamente de convertir a las mujeres. 

Ora con Kaveri
  • Ora para que el Señor continúe guiando a Kaveri y le dé fuerzas para ser una testigo valiente y fiel de Su amor a quienes la rodean. 
  • Ora para que Dios abra las puertas para una comunidad de oración en la aldea donde vive Kaveri, reuniendo a los creyentes para que se animen y crezcan espiritualmente. 
  • Ora por los hijos de Kaveri, para que sigan apoyando su ministerio y se fortalezcan en su propia fe. Ora por la protección de Dios sobre Kaveri y su familia.
  • Ora para que muchas mujeres sean bendecidas e inspiradas por el testimonio de Kaveri, y que se levanten para vivir con propósito para Cristo.    

«Cuando la policía vino a mi casa y me pidió que fuera a la comisaría, me quedé en shock. Los aldeanos se quedaron fuera, mirando, pero nadie me apoyó», recuerda Kaveri. «Intenté explicarme, pero nadie me escuchó. Sentada en un banco duro en la comisaría, me sudaban las manos y se me secó la garganta. El miedo me aplastó cuando empecé a pensar en si volvería alguna vez a casa». 

Una oración por Kaveri

Señor, te pido que sigas guiando a Kaveri y le des fuerzas para ser una testigo valiente y fiel de Tu amor ante todos los que la rodean. Abre las puertas para que en su aldea surja una comunidad de oración donde los creyentes puedan reunirse, animarse y crecer en la fe. Bendice tambimén a sus hijos, para que apoyen su ministerio y se mantengan firmes en su caminar contigo. Protégelos a todos bajo Tu cuidado y que muchas mujeres encuentren inspiración en el testimonio de Kaveri, levantándose para vivir con propósito en Cristo. En el nombre de Jesús, amén. 

Entonces, una voz familiar la llamó por su nombre.

Era el pastor Varun. Había acudido rápidamente a la comisaría tras enterarse de lo sucedido. Habló con los agentes de policía, hizo algunas llamadas y, tras horas de negociación, Kaveri regresó a casa alrededor de la 1 de la madrugada, no solo aliviada, sino también fortalecida. 

«Me di cuenta de que, incluso en nuestros momentos más oscuros, Dios envía a alguien para guiarnos», alaba Kaveri. «Muchos otros enfrentan una persecución aún peor por Cristo, así que ¿por qué no debería soportar yo esto? Me siento honrada de sufrir por Su nombre». 

Después del incidente, las reuniones de oración se interrumpieron. Kaveri echaba mucho de menos la comunión, pero no se rindió. 

«Debemos ser valientes» 

Decidida a continuar con su ministerio, Kaveri puso en marcha un pequeño negocio de confección de ropa para poder interactuar con la gente y compartir el amor de Cristo. Pero los mismos extremistas la acusaron de difundir literatura cristiana. Bajo una intensa oposición, tuvo que cerrar su negocio y mudarse con sus dos hijos. 

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Les costó mucho encontrar un nuevo hogar, pero finalmente se mudaron a una casa sin electricidad, una que otros habían rechazado. Usando velas y linternas por la noche, comenzaron a reconstruir sus vidas. 

Poco después, la policía detuvo al hijo menor de Kaveri por hablar de Jesús a un compañero de la universidad. «No me entristece que mi hijo fuera a la comisaría», dice Kaveri, pensando en la dura experiencia de su hijo. «Me alegro de que intentara compartir a Cristo. No lo detuvieron por una razón equivocada, sino por causa de su fe. Como familia, estamos comprometidos a dar testimonio de nuestro Dios». 
 

Cuando los colaboradores de Puertas Abiertas se enteraron de la situación de Kaveri, la visitaron y oraron con ella, invitándola a un curso de formación en supervivencia frente a la persecución, lo que fortaleció su fe. Al ver su pasión y su necesidad, nuestros colaboradores también apoyaron a Kaveri para que pudiera abrir una nueva tienda de ropa en su nuevo lugar y le proporcionaron máquinas de coser para poner en marcha un centro de costura para mujeres. 

«Siento una gran responsabilidad por las personas que no conocen a Dios y oro por oportunidades para llegar a ellas»

Kaveri cita Apocalipsis 3:7: «…el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre…». 

«Estoy muy agradecida a los colaboradores de Puertas Abiertas que me han apoyado hasta ahora. Lo que soy hoy es gracias a vuestras oraciones y su apoyo. Asistir al curso de formación me dio la fuerza para seguir adelante». 

«Estoy feliz de poder compartir a Cristo con las personas que vienen a comprar ropa y con las mujeres que están aprendiendo a coser», continúa. «También comparto el evangelio cuando viajo a los pueblos vecinos para vender ropa. Dios sigue abriéndome puertas para dar testimonio de Él, y nada me detendrá, porque Él tiene el control». 

Hoy en día, Kaveri y sus hijos asisten regularmente a la iglesia, ayudan en la obra del ministerio, dirigen el centro de costura y gestionan la tienda de ropa, todo ello mientras da testimonio de Cristo con valentía. 

Al reflexionar sobre su trayectoria, Kaveri expresa su confianza en la fidelidad de Dios. Ya no vive cada día con preocupación e incertidumbre sobre lo que le pueda pasar a su familia. «Cuando regresé de la comisaría hace varios años, pensé que mi sufrimiento había terminado, pero solo era el comienzo de algo más grande, con un propósito», afirma. «Las personas que hacen el mal se mantienen firmes. Entonces, ¿por qué debería temer el pueblo de Dios cuando hace lo correcto? Debemos ser valientes y compartir la verdad de Dios». 

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«Todavía espero volver a formar un grupo de oración cuando sea el momento adecuado», dice. «Siento una gran responsabilidad por las personas que no conocen a Dios y oro por oportunidades para llegar a ellas».

*Nombre cambiado por motivos de seguridad.


 

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